
Oviedo, María ALONSO
El lado bueno del lobo, el que en su momento alabó Félix Rodríguez de la Fuente, es por el que aboga el Fondo para la Protección de Animales Salvajes (Fapas). Esta organización ecologista asegura que la presencia de lobos ha logrado que la población de jabalí en las partes altas del parque natural de Somiedo haya descendido notablemente; y debido a que el jabalí es un peligro para los urogallos, su disminución favorece la recuperación de la especie protegida. La población estimada de urogallo en el Principado es de 101 ejemplares machos, concentrándose la mitad de la misma en los concejos de Cangas del Narcea y Degaña.
El estudio del colectivo conservacionista defiende que «los análisis de excrementos que se han recogido para determinar la dieta alimenticia de los lobos demuestran que estos depredadores tienen en el jabalí una de sus principales presas naturales».
Por ello, y según el presidente del Fapas, Roberto Hartasánchez, «si tenemos en cuenta que los científicos han determinado que uno de los mayores peligros para el urogallo es precisamente el aumento de las poblaciones de jabalí en las áreas de montaña se puede relacionar fácilmente que la presión de caza de los lobos sobre esta especie puede constituirse en uno de los factores claves para conseguir que el urogallo no se extinga».
Y añade Hartasánchez: «Acostumbrados a recibir información negativa sobre la incidencia del lobo en las montañas a partir de los daños que causa a los intereses ganaderos, se olvida fácilmente el importante papel que este predador cumple en su medio natural. Las poblaciones de lobos que habitan en territorios de montaña son una garantía de que determinados equilibrios se mantengan, evitando procesos negativos que, como en el caso del urogallo, pueden llegar a la extinción de algunas especies».
El trabajo de seguimiento de la población de lobos, alrededor de tres grupos familiares, en el parque natural de Somiedo que el Fapas realiza ya desde hace más de quince años con la ayuda de especialistas europeos de grandes carnívoros, como el investigador francés Vicente Vignon, ha permitido evaluar los distintos núcleos familiares que habitan en estas montañas y determinar las tendencias de captura de las presas de los lobos.
En la década de los noventa, las presas más abundantes de los lobos en Somiedo eran los ciervos. La drástica disminución de éstos a partir de la política de la Administración regional de bajar la población de ciervos, para favorecer el hábitat del urogallo, determinó una modificación de los hábitos de caza de los grupos familiares de lobos, que se especializaron en la caza del jabalí.
Para el Fapas, la extensión del lobo por zonas de clara presencia ganadera se debe a la falta de alimento y consideran que la normativa europea que obliga a la retirada de los animales domésticos muertos en las áreas rurales de montaña «podría estar resultando el factor clave que ha generado un desequilibrio entre las poblaciones de depredadores y el territorio».
Tres ejemplares muertos
En Asturias existen entre 284 y 322 lobos repartidos en 36 manadas. Durante la pasada Semana Santa miembros de la guardería rural abatieron tres lobos en la zona centro-oriental de la región. Un macho y dos hembras que fueron muertos mediante el sistema de rececho llevado a cabo por ocho guardas del Principado.
Dos de los animales fueron abatidos en el parque de Redes, y uno en Aller. Con éstos ya son cinco los lobos abatidos en los últimos meses. El Principado pretende poner coto al animal en aquellas zonas consideradas «territorio libre» de lobos.
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