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DEFENSORES DE OVIEDO

Oviedo, ciudad dos veces mártir

Oviedo, ciudad  dos veces mártir

Cuando hace un tiempo se reunieron en Madrid los representantes de las ciudades mártires de Europa, fue notoria la ausencia de la representación del Ayuntamiento de Oviedo, pues pocas ciudades hay en el mundo que fueran "dos" veces mártir, como lo fue nuestra ciudad.

Oviedo fue, sí, por dos veces mártir. La primera en octubre de 1934, cuando sufrió un golpe de estado cruento, como pocas veces lo hubiera soportado ciudad alguna, que costó la vida de muchos y buenos ovetenses, a los que hay que tener siempre presentes.

Recordaría al párroco de la Corte, don Román Cosío Gómez, que fue vilipendiado y asesinado por el solo hecho de hacer bien al prójimo. Al canónigo Sr. Baztán que, antes de ser asesinado, le sacaron los ojos.

Al padre Ludovico, carmelita, el cual fue martirizado sin piedad y asesinado.

A aquellos siete seminaristas cuyo único delito era el querer consagrarse a Dios; siete casi niños que fueron inmolados sin miramiento alguno.

O a los que el “Pichilatu” asesinó en la calle de Santa Ana, hombres y mujeres civiles todos ellos.

El día 10 de octubre Oviedo está en llamas, arden casas de las calles de Uría, Fruela, San Francisco, Argüelles, Jovellanos, Mendizábal, etc. Incendian y saquean el Convento de las Pelayas. Incendian también la inapreciable Universidad, con pérdida de su biblioteca, donde había ejemplares únicos que jamás podrían reponerse. Dinamitan la Cámara Santa de la Catedral con pérdida de un tesoro artístico inigualable. Asalto del Banco de España, de donde se llevaron 184 millones de aquellos tiempos. El saqueo de tantos y tantos comercios de la capital... y por qué seguir más, el Ayuntamiento con mejor conocimiento, puede ampliar hasta el máximo lo ocurrido en Oviedo durante aquellos infernales quince días del mes de octubre de 1934.

1936 - 1937

La Revolución de 1934, cuando los marxistas se sublevaron contra la Constitución de 1931, sencillamente porque no aceptaron el resultado democrático de las elecciones entonces celebradas el 23 de noviembre de 1933, fue sin duda alguna el principio de la guerra civil de 1936. Con aquel golpe de estado cruento, el marxismo perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar el Alzamiento Nacional.

Por eso podemos decir que no fuimos nosotros quienes provocamos la guerra civil, sino que por una necesidad absoluta, hemos tenido que empuñar las armas para no morir sin posibilidad de defensa como aquellos hermanos de la Doctrina Cristiana o los seminaristas de Oviedo.

Durante el periodo de julio de 1936 a octubre de fue nuevamente mártir nuestra Ciudad. Bombardeada durante 459 días, hubo alguno de ellos que la aviación estuvo sobre Oviedo, bombardeándolo, más de quince horas.

Creo que el Ayuntamiento no debería olvidar la perdida de la vida de tantos miles de ovetenses que sufrieron los horrores de los bombardeos sobre la población civil. Recordar a aquellos que murieron en la “Casa del Chorín», o los de la casa 12 o 13 de la calle de Santa Cruz, donde las bombas dejaron sin vida a todas las personas que se habían refugiado en aquellos sótanos. Las bombas que cayeron en el Hospicio Provincial en la calle Gil de Jaz, que terminaron prematuramente con la vida de aquellos niños que allí Vivian. De aquel 23 de febrero de 1937 donde fue bombardeado sin piedad el Hospital Provincial de Oviedo, causando gran número de víctimas entre la población civil que estaba hospitalizada, unos por enfermedad y otros heridos en bombardeos anteriores. Las escenas que se sucedieron fueron dantescas y quiera Dios que no vuelvan a repetirse.

Las bombas que cayeron en la panadería “Gallo”, en el Postigo, donde murieron tres de sus dueños y quedaron heridos el resto de los trabajadores que estaban elaborando el pan para la población civil. O de la que cayó en la panadería “El Molinón” y mató a su dueño.

Quién puede olvidar a aquella señora que dando gritos de dolor pedía auxilio y que al bajar a prestárselo los voluntarios que estaban de vigilancia en lo alto del café Cervantes, en la Escandalera, la encontraron muerta con un balazo en el pecho por donde se desangro.

Quién no recuerda a aquel niño, diez o doce años, que corría desangrándose, con una mano destrozada y lleno el cuerpo de metralla, dando gritos de dolor llamando a su madre, hasta caer inerte en medio de la calle con los ojos muy abiertos, mirando al cielo y preguntándose el porqué.

Si Oviedo no puede ser conquistado, será destruido, había dicho Indalecio Prieto. Y así fue.

No podemos olvidar tampoco el peregrinar de aquellos ancianos recogidos en las Herrnanitas de los Pobres que, desde la calle González Besada, tuvieron que refugiarse en la Plaza de Feijoo, donde hoy está la Facultad de Filosofía. Y que miedo pasaron los pobres, y con qué amor eran atendidos por las Hermanitas que día y noche no les dejaban ni un momento sólos.

Quien no recuerda... para qué seguir, sería interminable la narración de los hechos ocurridos en Oviedo, todos ellos protagonizados por ciudadanos de la capital.

En Oviedo no quedo ni una sola casa sin que recibiera la metralla enemiga; hasta nuestra Catedral recibe los impactos de las bombas y quedó desmochada dando ejemplo de la heroicidad de sus bravos defensores.

Si a la tan cacareada Guernica le dieron fama por un solo bombardeo, ¿qué le debieron dar a Oviedo que padeció 459 días de contínuos bombardeos? Pero parece ser que nada de la historia del glorioso Oviedo, es interesante para nuestro Ayuntamiento.

El martirio de nuestra ciudad, su segundo martirio, fue reconocido por el mundo entero por haber sido único en su género, y cualquier ciudad de la tierra la tendría siempre presente con verdadero orgullo, pues además no hay que olvidar que la gloriosa gesta de Oviedo fue hecha por ovetenses muy dignos, que no dudaron nunca anteponer su defensa al que la conquistaran hombres que no amaban a Dios, a España ni mucho menos a Oviedo.

Por eso nos duele que el Ayuntamiento, tan propenso en otras ocasiones, no hubiera protestado por tal olvido ante la reunión de «ciudades mártires». O, ¿es que solamente fueron ciudades mártires las marxistas?

Y así nos van las cosas, no defendemos lo nuestro, sea de quien sea. No defendemos nuestra historia y por tal somos olvidados.

La historia de Oviedo hay que respetarla como fue y no querer tergiversar hechos que, a más corto o largo plazo, han de salir a la luz de la verdad, de esa verdad que todos estamos obligados a amar, si de verdad amamos a Oviedo.

La historia no se debe de olvidar para que no se repita.

(Boletín de la Hermandad en el 51 aniversario de la liberación de Oviedo)

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