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DEFENSORES DE OVIEDO

La Artillería en la defensa de Oviedo

La Artillería en la defensa de Oviedo

«El artillero no puede desconocer lo que representa para el resto de las tropas combatientes. Debe redoblar sus esfuerzos en cualquier acción». (Teniente General Carlos Martínez de Campos).

Servir sin hacerse notar y darlo todo según las propias virtudes y esfuerzos es propio de hombres nobles. Cada uno tiene sus exigencias y han de ser atendidas con sumo cuidado para no malograrlas. De esta forma entendían su trabajo aquellos que durante el Cerco de Oviedo no se concedieron descanso para que las armas estuviesen en condiciones de ser empleadas allí donde fuera preciso. En la Fábrica Nacional de Armas Ligeras de La Vega, se elaboró con eficacia y no siempre gozando de la tranquilidad que requiere el estudio, el análisis y la aplicación de las correspondientes técnicas.

Pese a ello, jefes, oficiales, maestros de taller y trabajadores se esforzaron para conseguir que las unidades de la plaza, desde el 19 de julio al 17 de octubre de 1936, dispusiesen de armas en condiciones de combate. No se contentaron los hombres de La Vega con tener a punto los fusiles y ametralladoras, sino que, además, realizaron trabajos de fina precisión con destino a las bocas de fuego del Grupo de Artillería y de los morteros de 50 y 81 mm. El material no admitía rémoras.

En la Fábrica Nacional de Armas Ligeras de La Vega, al iniciarse el Alzamiento, se encontraban presentes el coronel director, Eldiberto Esteban Caracotche; el comandante jefe de Detall, Saturnino Fernández de Landa; el teniente Manuel Menéndez Manjón y Félix García de la Cueva. El capitán Almeida fue pronto nombrado alcalde de Oviedo y el teniente Menéndez pasó al Estado Mayor de Aranda. Se agregó, a los mandos citados, el comandante Modesto Venta, jefe de la Comisión de Movilización de Industrias Civiles, varios maestros de taller retirados y un número suficiente de trabajadores que se encargaron de atender el funcionamiento de la maquinaria.

La tarea desempeñada por los artilleros de La Vega acaso no haya sido valorada. En muchas ocasiones se trabajaba bajo el fuego de la artillería enemiga o de las bombas de aviación, que llegaron a destrozar parte de algunas naves e hirió gravemente al teniente Menéndez Manjón, que perdió una pierna.

Un hombre destacó en la época del Cerco y, más tarde, en el Asedio, el comandante Fernández de Landa, que compatibilizó la jefatura de Detall con la de fabricación. Posteriormente se pusieron de relieve sus dotes singulares al aceptar la directa responsabilidad de desmontar la maquinaria de La Vega y transportarla a La Coruña, donde, en edificios no muy adecuados, la puso en orden de fabricación para satisfacer las demandas de los frentes de combate.

Fernández de Landa ocupó el cargo de Director de la Fábrica de La Coruña al ponerla en funcionamiento. En agosto de 1937, prefirió ser destinado a una unidad de combate y tomó el mando de un Grupo del 39 Regimiento de Artillería en el frente de Córdoba. Al desplomarse el Frente del Norte, el 21 de octubre de 1937, el comandante Fernández de Landa, a instancias del Comandante General de Artillería del Cuartel General de Franco, fue destinado, como director, a la Fábrica Nacional de Cañones de Trubia, rescatada de manos enemigas.

El Grupo de Artillería de la Brigada Mixta Exenta, de guarnición en Oviedo, compuesto por cerca de 250 hombres y ocho piezas de obuses de 105 mm. y dos de 70 mm., ha de ser valorado en cuanto su misión específica de potencia y de influencia psicológica que impuso al enemigo. Los fuegos de sus piezas pueden resultar decisivos en el combate.

La carencia de bocas de fuego en la plaza de Oviedo, en número aceptable para su defensa, impidió una actuación que hubiese puesto en un aprieto a los atacantes.

Al averiarse seriamente una pieza del 105 mm., hubo que dar al grupo una ágil  movilidad. Esto permitió éxitos de relieve en el apoyo a sectores o posiciones en extremo peligro, como sucedió en El Campón y El Bosque, en septiembre; en la defensa de los sectores de Pando Norte, La Cadellada y Buenavista y en las operaciones de Olivares, El Campón y Lugones. La falta de munición invalidó, en los últimos días del Cerco, batir al enemigo en sus ataques a El Canto, San Pedro de los Arcos, Estación del Norte, la Argañosa, Catalanes, Adoratrices, San Lázaro, etc. En la plantilla del Grupo figuraban los capitanes Fernández Corujedo y Cabeza Prieto. El primero, por antigüedad, era el jefe de la unidad.

En los dramáticos días del 4 al 17 de octubre tomaron todos los artilleros un fusil al no disponer las piezas de munición, cayendo alguno de ellos, con el coraje de los infantes.

 

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