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DEFENSORES DE OVIEDO

Breve historia del cerco de Oviedo para escolares.

Breve historia del cerco de Oviedo para escolares.

El día 17 de julio de 1936, por la noche, se tuvieron las primeras noticias del Alzamiento en Marruecos. El Ejército de África, harto ya de aguantar tanta ignominia, se ha sublevado. No hay noticias concretas. La situación es grave, gravísima.

Como reacción inmediata, se ordena la concentración del Frente Popular en Oviedo, acordándose además la declaración de una huelga general para el día siguiente.

El día 18, y en las primeras horas de la mañana, el Coronel Aranda, Comandante Militar de la provincia, ordena la concentración de las Compañías de la Guardia Civil sobre sus cabeceras, y su inmediata marcha hacia Oviedo.

Este mismo día las calles y plazas de la Ciudad están llenas de milicianos. Casi todos visten de mono y llevan anudados al cuello pañuelos rojos.

Muchos van armados con pistolas y fusiles, armas escondidas en la Revolución de Octubre de 1934.

El Gobernador Civil comunicó al Coronel Aranda la formación de una fuerza que debería marchar sobre Madrid. El Coronel pensó que en aquellas críticas circunstancias, el enviar parte del enemigo hacia territorios alejados, le beneficiaría considerablemente, dio pues su parecer favorable.

Pero esto no bastaba ya que, además, se le pedía proceder a la distribución de armas sobre los milicianos. El Coronel Aranda se excusó alegando que él no tenía órdenes del Gobierno.

La estación del Norte de Oviedo está completamente atestada de mineros y milicianos armados que llenan totalmente los andenes, y un tren está a punto de partir. Se pone en marcha y se despide con un bosque de puños en alto y a los sones de "La Internacional", entre los que se mezclan las voces de: ¡Dinamita!, ¡Abrasadlo todo!, ¡Muerte a los burgueses!, ¡Rusia sí!, ¡España no!.

El día 19, la inquietud es general y aumenta por momentos. El Coronel Aranda es llamado nuevamente al Gobierno Civil y le apremian a entregar amas, Aranda vuelve a insistir que necesita orden del Gobierno, del Ministerio de la Guerra.

Llega la orden y el Coronel dice que está en regla y que va a dar las órdenes oportunas.

Llega a la Comandancia Militar y ordena: "Vámonos señores al Cuartel de Pelayo".

En la Sala de Banderas, junto al Jefe del Regimiento, Coronel Recas, están reunidos jefes y oficiales de todas las armas y de la Guardia Civil.

Entra el Coronel Aranda y dice: "Juzgo innecesario el decir a ustedes la gravedad del presente momento. En nuestros depósitos de armamento hay en la actualidad diez mil fusiles, cuatrocientas ametralladoras, dos mil granadas de mano y más de dos millones de cartuchos. Me he negado rotundamente entregar a las milicias del Frente Popular sin orden expresa del Ministerio de la Guerra. Acabo de recibir la orden telegráficamente que dice: "De orden del excelentísimo señor Ministro de la Guerra, se servirá usía entregar inmediatamente todo el armamento que dispone al Excelentísimo Gobernador Civil de la provincia para que proceda al armamento de las milicias populares".

Yo, al pie de la orden he añadido una nota que dice: "Se acata pero no se cumple por ser contraria al honor del Ejército y al interés de la Patria".

Continúa el Coronel: "Hay que reducir todo foco de resistencia en el interior de la Ciudad. Barrer a los milicianos será fácil, pero la Guardia de Asalto se batirá bien. ¡Lo siento!, es gente buena pero casi la totalidad de sus mandos son rojos, habrá que reducirlos".

Un comandante se adelanta y dice: "Perdón, mi Coronel, el Comandante Caballero se encuentra en Oviedo. Él mandó el 10º Grupo de Asalto tiene gran prestigio y los guardias lo adoran". El rostro del Coronel refleja vivo interés: ¿Saben ustedes dónde se encuentra?. El Teniente Cabezas, que sirvió a sus órdenes en Asalto, y está aquí, lo sabe. ¡Teniente Cabezas!. A las órdenes de usía, mi Coronel.

Tome usted un coche ligero y cuatro guardias civiles como escolta y vaya a buscar al Comandante Caballero.

Sale el Teniente Cabezas y se detiene en una casa de la calle Marqués de Teverga. Al poco tiempo sale junto al Comandante Caballero.

Ante el despacho del Coronel Aranda, el Comandante Caballero pregunta: "¿Da usted su permiso?". "Pase", contesta el Coronel que estrecha la mano del Comandante. Después le dice: "La Guarnición de Oviedo se ha unido al Alzamiento Nacional. No necesito preguntarle si está usted con nosotros".

"Yo siempre al servicio de España, mi Coronel".

Lo sé, afirma el Coronel, y sigue hablando: Únicamente no se ha unido al Movimiento las tres compañías de Asalto. Quiero evitar una lucha inútil, pero sus mandos son casi todos rojos; por eso le he llamado.

Voy al Cuartel de Santa Clara, dice el Comandante Caballero, y antes de una hora, si no he muerto, la Guardia de Asalto estará al servicio de España. Eso esperaba.

¿Qué necesita para ello?. Algunos números de la Guardia Civil.

Se estrechan la mano y el Coronel le dice: "Suerte y Viva España".

Suben el Comandante Caballero y el Teniente Cabezas, cada uno en un camión y llegan al Cuartel de Santa Clara, donde está un retén de la Guardia de Asalto al mando de un Sargento. El Sargento da el alto al Comandante Caballero. "¿Quién vive?. España, vuestro Comandante, el Comandante Caballero". Mi Comandante, le dice el Sargento, retírese usted, pues tenemos las órdenes de que no pase nadie. De orden del señor Comandante Militar, y en el nombre de España, vengo a hacerme cargo del mando del 10º  Grupo de Asalto. No tenéis más que dos caminos: Obedecerme o matarme, pero si me matáis será por la espalda, porque ahora mismo voy a tomar posesión del Cuartel. Si le matan a usted, dice el sargento, nos matarán a los dos. Yo siempre a sus órdenes. Los demás guardias del retén se unen a ellos.

El Cuartel está lleno de rojos. El Comandante Ros que lo manda, les ha abierto las puertas y los ha armado.

El Comandante Caballero se asoma a una ventana y dice: "El Cuartel es nuestro. Rendiros... ¡Viva Españal... ¡Viva el Ejército!.

Al oír al Comandante el patio ha quedado casi vacío, sólo aguanta el Comandante Ros y algunos oficiales.

El Comandante llama al Coronel Aranda y le dice: A sus órdenes mi Coronel. El Cuartel de Santa Clara está al servicio de España.

¡Magnífico! ¡Enhorabuena!.

Aranda, al recibir la noticia de la ocupación del Cuartel de Asalto y la adhesión de los guardias, puso en marcha el dispositivo de la defensa de la Ciudad. Ocupa los centros neurálgicos, mientras tropas del Regimiento Milán se establecen en la Loma de Pando.

A las 21.30, el Coronel Aranda se dirige, por los micrófonos de Radio Asturias, a todos los habitantes de la Región: "Asturianos el Gobernador Civil ha resignado el mando. Yo, el Coronel Aranda, tan vuestro, tan asturiano, tan amante de España y de la República, saludo a todos con emoción. A todos ruego que cooperéis en esta obra de la salvación de la Patria. Que cada hombre vaya por un fusil, y que todos cumplan con su deber. Estad tranquilos y confiados. Los que hemos hecho con anterioridad el sacrificio de nuestras vidas por el honor de la Republica y por salvar la vuestra, tenemos que cumplir con nuestro deber a fin de que, de una vez para siempre, termine la era de crímenes sin cuento perpetrados a un amor a la democracia y a la Patria que no sienten. ¡Viva la República!, ¡Viva España!.

No existía, pues, un visible deseo de derribar a la República como forma de Estado, sino que ésta pueda llegar a constituir un régimen de paz y justicia social para todos los españoles.

El Rey creía que su marcha evitaría el derramamiento de sangre, pero estaba equivocado. De su equivocación brotaron, un mes después, brutales incendios de Iglesias, conventos o centros de enseñanza regidos por religiosos, perdiéndose obras de incalculable valor.

 

LA DEFENSA DE OVIEDO

 Aranda tomó las medidas pertinentes. El día 20, lunes, a las 11,15 horas, una compañía del Regimiento Milán 32, con una banda de música, presentaba armas en la Plaza de La Escandalera, bajo la bandera republicana y a los sones del himno de Riego (el republicano) el Capitán que la mandaba, lee el Bando por el por el cual se declara el "Estado de Guerra" en Asturias, que entre otras cosas decía: "Vista la dejación de la autoridad ante los enemigos de la República y de España para apoderarse de los resortes del mando, he resuelto asumir el de esta provincia... Y que terminaba: "Y que dicto para la seguridad de las personas honradas y la salvación de la República". En el patio del Cuartel de Santa Clara formaban dos largas pilas de voluntarios. Los hay de todas las clases sociales y de diversas edades. Le toca el turno a un señor que es reconocido por todos los presentes. ¿Usted, don Sabino?. ¡Naturalmente!. Tiende el carnet al Sargento que hace un gesto de sorpresa al leerlo, y dice: ¿Profesión?... aquí dice... Ahí dice Catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Oviedo. ¿Le parece a usted mal?. No señor, todo lo contrario. Don Sabino Álvarez Gendín toma el mosquetón y un paquete de cartuchos. Los ovetenses y el resto de la provincia, recordando la tragedia padecida durante la Revolución de Octubre de 1934, golpe de estado cruento marxista contra la República y el gobierno legalmente constituido, no estaban dispuestos a que se repitieran escenas tan espantosas como las padecidas en aquel entonces.

Salvador de Madariaga dijo arios después: "Con la Revolución de Octubre de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar el Alzamiento Nacional del 18 de Julio de 1936. El Coronel Aranda organiza la defensa de Oviedo, teniendo en cuenta los relieves del terreno. Aprovecha las depresiones o fosos para establecer una posición ventajosa que los domine desde distintos ángulos y, por ello, los núcleos de resistencia más fuertes contaban con lunetas. El tiro cruzado de las lunetas se combina con el de las posiciones intermedias, creando así una barrera casi infranqueable ante el ataque enemigo.

En el puesto de mando del Coronel Aranda, instalado en la Fábrica de Armas de La Vega, están reunidos Jefes y Oficiales de las distintas armas que actúan en Oviedo. El Coronel Aranda pregunta: ¿Fuerzas con las que contamos?. Un Batallón de Infantería del Regimiento Milán 32, con cuatrocientos hombres. Seis Compañías de la Guardia Civil con un total de mil doscientos hombres. Tres Compañías de la Guardia de Asalto, cuatrocientos hombres. Dos Baterías de Artillería de Montaña, doscientos hombres, que hacen un total de dos mil doscientos hombres. A éstos hay que agregar los voluntarios.

¿Cómo va la recluta?. Cerca de mil hombres. Tenemos que defender Oviedo con estas fuerzas. He prometido al General Mola que nos sostendríamos por lo menos dos meses.

Actualmente y sin bajas, hemos tomado Pando, La Cadellada, San Esteban de las Cruces, Buenavista y algunas posiciones en la falda del Naranco. Hay que librar la Ciudad del fuego directo de ametralladoras y fusilería.

 Dicen que Oviedo es una Ciudad abierta. Nosotros la cerraremos. Ninguna Ciudad es abierta cuando es defendida con tesón.

 

LOS VOLUNTARIOS

Voluntarios de distintas edades y profesiones u oficios se presentaron a primera hora en los cuarteles del Regimiento Milán 32, Artillería, Guardia Civil y de Asalto. La Centuria de Falange concentrada en la que se llamaba "Casa del Pueblo" en la calle Asturias, que había de llamarse luego "La Casa de España". La Centuria de jóvenes falangistas de edades de entre trece y diecisiete años. Algunos de estos jóvenes prestaron servicios, en un momento determinado en el Batallón de Ladreda, en la Guardia Civil y de Asalto y otras unidades, demostrando que, en Oviedo, la moral superaba los límites más insospechados.

 

 

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