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DEFENSORES DE OVIEDO
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Diario REGIÓN (22 DE Octubre de 1937)

Diario REGIÓN   (22 DE Octubre de 1937)

Titulares:

"EL FRENTE NORTE HA TERMINADO CON LA CONQUISTA DE GIJON Y AVILES.

LOS CABECILLAS ROJOS HAN HUIDO COBARDE Y TRAIDORAMENTE.

NO SUPIERON MORIR COMO LO HICIERON LOS “HEROES DEL SIMANCAS."

 

El día 21 de Octubre de 1937 termina la guerra en el Norte, con la toma de Gijón y Avilés. Así comentaba el diario “Región” el día 22 de Octubre de 1937:

Gijón y Avilés ocupados - El frente Norte no existe - La cuarta Brigada de Requetés de Navarra fue la primera unidad que penetró en Gijón - Todas las posiciones que rodeaban Oviedo conquistadas.

FRENTE DE ASTURIAS: El Frente de Asturias se ha derrumbado hoy ante el empuje de nuestras tropas. El enemigo derrotado y abandonado por sus cabecillas, entrega las armas a las columnas nacionales. En los frentes de Oviedo y del Nalón, en el de Villaviciosa y en el de Infiesto, las fuerzas rojas se entregan a los vencedores. Columnas nacionales salidas de Pravia y del Escamplero, al compás de otras que avanzan desde Oviedo, se dirigen sobre Gijón y Avilés, ciudades ambas que han quedado ocupadas en el día de ayer por el Ejército Nacional. La población, en manifestación enorme en las calles, agasaja a nuestros soldados. Con las armas nacionales entra la paz y la justicia en todo el Norte de España. El frente Norte ha desaparecido.

 

 CRONICA DE “EL TEBIB ARRUMI” (seudónimo de Víctor Ruiz Albéniz, abuelo de Alberto Ruiz-Gallardón):

Españoles, hoy doy rienda suelta a mi alegría. Apenas si la emoción me deja hacer esta crónica, y en ella, más que mi pluma, hablará mi corazón.

En el Cuartel General de las Brigadas de Navarra esperábamos esta mañana la Santa Misa que diariamente se celebra. Nuestro capellán se había retrasado, y esperábamos con impaciencia, cuando de pronto, una llamada desde Villaviciosa requirió la presencia del General Solchaga. Al Comandante de Ingenieros que mandaba uno de los sectores, acababa de presentarse un ayudante del coronel Franco, el de Trubia, comandante militar de Gijón, que avisaba que Belarmino Tomás y todos sus secuaces habían huido en buques que se hallaban anclados en el Musel. A los batallones rojos, se les había ordenado replegarse hacia Avilés, pero se temía un movimiento anárquico en Gijón, y por ello, los nuevos dueños de la ciudad.

Inmediatamente el General Vigón lo dispuso todo para que el avance se hiciese con la máxima rapidez. La cuarta Brigada de Navarra, que es la que más cerca estaba de Gijón, emprendió la marcha a las ocho de la mañana, y en solo cinco horas, cubrió los 36 kilómetros que la separaban de la ciudad. Treinta y seis, porque estaban volados varios puentes y fué preciso hacer un largo rodeo por varios caminos apartados. El avance fue tan veloz que a las cinco de la tarde, los requetés se hallaban en “El Puentín”.

Fui invitado por el general jefe de las Brigadas a entrar en Gijón. Hicimos la entrada junto a Camilo Alonso, precedidos por carros de asalto. Gijón no nos esperaba tan pronto, y no bien comenzaron a entrar las primeras fuerzas, el entusiasmo se desbordó. el recibimiento que se nos tributó en esta ciudad no cabe compararlo con los de Santander y Bilbao. Aqui la emoción ha sido mas intensa, e inmediatamente de la entrada, las casas se engalanaron con improvisadas colgaduras, y la lluvia de flores, cayeron sobre los requetés que se adueñaban de la ciudad.

Bastó que huyesen los diligentes para que las tropas fuesen recibidas con entusiasmo desbordante. Y pido a todos un homenaje para estas bravas Brigadas de Navarra que han liberado todo el Norte de España:

Para las Brigadas de Navarra, para Mola, para Solchaga, para Vigón, para Camilo Alonso. Con ellos, y con la abnegación y heroísmo de Aranda, para todos los Defensores de Oviedo.

Lejos quedaban ya los recuerdos de aquel día 4 de Septiembre de 1936 cuando la aviación roja estuvo bombardeando Oviedo durante trece horas consecutivas a la población civil. Cuando unos aviones se marchaban, aparecían otros, con lo que no quedó ni un solo minuto de estar sobre Oviedo para bombardearlo continuamente. Oviedo se cubrió de cascotes y escombros. Los muertos aparecían en las calles y se tuvieron que improvisar puestos de socorro, en las mismas calles, para curar las heridas padecidas por la población civil por tan cruel hazaña. El coronel Aranda dijo: “No ha habido población alguna en España que haya sido atacada con tal furia, con tal saña, como ha sido atacada la ciudad de Oviedo. Sin embargo, yo he visto en las caras de todos más indignación que temor, más fe en la victoria que miedo, más fe en la causa que defendemos que temblor”.

A la terminación del salvaje bombardeo, se formó una manifestación patriótica que recorrió las calles de Oviedo, acompañada de la banda de Música del Regimiento Milán 32, dando vivas a España y Aranda.

Lejos quedaban ya los recuerdos del combate a San Esteban de las Cruces el día 8 de Septiembre de 1936, festividad de Nuestra Señora de Covadonga, la Santina para todos los asturianos. Los defensores de las posiciones nacionales, se batían contra un enemigo infinitamente superior, que disponía de todos los recursos de aviones, artillería, morteros, camiones blindados. Todo lo habían utilizado durante ocho horas sin que las tropas nacionales cedieran un solo milímetro, prefiriendo caer en su puesto antes de abandonarlo. Con hombres así, Oviedo es inexpugnable, había dicho el coronel Aranda.

Lejos quedaban ya los recuerdos de los ataques a la loma de El Canto, donde los últimos ataques de los rojos durante el “cerco”, se desarrollaban trágicamente, y eran rechazados una y otra vez. El Canto, durante varios días del mes de Octubre de 1936, era un barrizal debido a la continua lluvia que caía sobre los parapetos. La artillería enemiga se ceba sobre las posiciones. Ya no hay casi parapetos y da la sensación de que la defensa solo cuenta con los cuerpos de los defensores, y éstos, debido a las bajas, escasean de manera alarmante. Los combates alcanzan perfiles numantinos. Han muerto muchos Jefes y Oficiales, Suboficiales y Tropa, pero Oviedo seguía en pie.

Lejos quedaban ya los recuerdos de la liberación de Oviedo el día 17 de Octubre de 1936, cuando las tropas del Teniente Coronel Teijeiro, vencidas las defensas enemigas, con unos trescientos hombres en vanguardia, procedían a liberar a Oviedo, después de tres meses de Cerco. “Oviedo se salvó, dijo el ya general Aranda, Oviedo se salvó y salvó a España, por su fe, fe en Dios, fe en cada uno de los defensores, en sí mismos y en sus compañeros, fe en los destinos de España”.

Lejos quedaban ya los recuerdos del bombardeo al Hospicio Provincial que terminaron prematuramente con las vidas de aquellos niños cuyo único delito era el de vivir en Oviedo.

Lejos quedaban ya los recuerdos de la bomba que cayó en la casa del “Chorín”, en la Calle Caveda, explotando en el sótano donde se habían refugiado varias familias de las inmediaciones. Perecieron casi su totalidad, teniendo que sacar los restos a paladas, pues habían quedado sus cuerpos tronchados, y la carne se mezclaba con los cascotes.

Lejos quedaban ya los recuerdos de aquellos niños muertos cuando inocentemente jugaban en la calle. De aquellas mujeres que fueron abatidas por la aviación o la artillería roja cuando esperaban en la tahona para poder llevar un poco de pan a sus hijos. De aquellos ancianos que esperando en la “cola” del agua, la metralla marxista había sesgado sus vidas.

Lejos quedaban ya los recuerdos del día 18 de Febrero de 1937, cuando nuestra Catedral fue objeto del más cruel y miserable bombardeo y la herían tan despiadadamente, destrozando la Torre galana y esbelta, consiguiendo, con los disparos de sus cañones, abatir la enhiesta figura de nuestra Torre demoliéndola en parte; pero lo que nunca pudieron conseguir, es abatir nuestro espíritu de católico y cristiano.

Muchos “carbayones” hemos llorado al ver tus heridas. No me extraña, Torre mía, Catedral nuestra, que nos destrocen el corazón. Por los cascotes de la Torre de la Catedral, sonaron las campanas, tus campanas, que también lloraban.

Lejos quedaban ya los recuerdos de aquel día 23 de Febrero de 1937, donde las hordas marxistas bombardearon el Hospital Provincial sin miramiento alguno para aquellos heridos y enfermos, militares o civiles, que no podían valerse por sí mismos. Cuando al tercer día de la impetuosa ofensiva desencadenada por los rojos sobre Oviedo, el 21 de Febrero, por batallones vascos, santanderinos y asturianos, fueron convenciéndose que, pese al alud de material de guerra y humano lanzado sobre la capital del Principado de Asturias, ésta haciéndoles frente con su ya legendario denuedo, no cedía y una vez más les rechazaba, terminaron su fracasada intentona, como de costumbre, renunciando a insistir en los ataques a las líneas defensivas, se dedicaron a bombardear a las gentes pacíficas e inertes, a la población civil de Oviedo.

Pero ese día la rabia fué excepcional, y excepcional fue también el desquite tomado. Les parecía poco, sin duda, el acostumbrado bombardeo a la población civil en sus viviendas, decidieron dedicarla a ser lanzada, con toda decisión, con toda profusión y con todo encono, contra el Hospital Provincial, harto ocupado a la sazón por heridos o enfermos tanto civiles como militares. El bombardeo sobre el Hospital de Oviedo, se hizo a pesar de los grandes y visibles signos indicadores del humanitario y exclusivo destino del edificio. Hubo que disponer una evacuación del Hospital sin demora. A poco que se tardase, la evacuación sería de muertos, no de heridos o enfermos.

Las granadas llovían sobre el Hospital, sobre el edificio, sobre las puertas de salida y las vías de acceso; sobre los quirófanos. Herido hospitalizado hubo que, acabado de serle amputada una pierna, una bomba le seccionó la otra. Hospitalizado hubo que, esperando ser recogido por los camilleros para su traslado, se arrojaba como podía de su cama y trataba de huir sin saber cómo ni a donde. Cuando la evacuación del Hospital, aún en tales dantescas condiciones, se llevaba a cabo, cuando la gran masa de los hospitalizados, los que no quedaron allí victimas, habían sido trasladados a las ambulancias y estas marchaban en busca de locales menos conocidos que el Hospital bombardeado, la artillería roja, con visión de los lugares y de los movimientos, apartó la mira del Hospital y, a tiro directo, se dedicó a cañonear concienzuda y implacablemente, la ruta de retirada de las ambulancias. Y a los “hospitalillos” improvisados en las iglesias de Las Salesas y San Isidoro y en el Círculo Mercantil en la calle Santa Cruz, llegaron los que pudieron. Y aquellos otros que, heridos o enfermos, huían como podían de aquel terrorífico espectáculo, y que, algunos sin pierna o imposibilitado para andar, se arrastraban pidiendo ayuda para que les hicieran llegar al próximo “Campo de San Francisco”, donde, al amparo de los árboles, se creían a salvo del salvaje bombardeo.

Lejos quedaban ya los recuerdos de los ataques al Campón, Olivares, Cementerio Viejo, Adoratrices, Lugones, Pando, La Cadellada, Fábrica de Armas, Postigos, Estación de El Norte, Santo Domingo, San Pedro de los Arcos, etc.

Lejos quedaron ya los recuerdos al heróico comportamiento de las Fuerzas de la Guardia Civil, de Carabineros, del Regimiento Milán 32, de Artillería, de Falange, y Requetés, del Batallón de Voluntarios de Oviedo, de Ingenieros, de Asalto, de Intendencia, de Sanidad, y de la Guardia Municipal, que en el sitio de Oviedo ganaron para la ciudad los títulos de “Invicta y Heróica”.

Y para seguir, lejos quedaban ya los recuerdos de aquellos quince meses de bombardeos que avalan la primicia de lo que padeció Oviedo relacionado con los Bombardeos. Que nos hablen a los defensores de Oviedo de Guernica, de sus ciento o ciento cincuenta muertos, cuando en Oviedo pasaron de los cuatro mil las víctimas de la población civil, sin contar los heridos, nos causa...

 

 

 

 

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