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DEFENSORES DE OVIEDO

Arquitectura militar para un cerco

Arquitectura militar para un cerco

 

El reciente y polémico derribo de la casamata de La Ería, la única del bando nacional que se conservaba, ha puesto de nuevo de actualidad la fragilidad a la que están sometidas estas instalaciones bélicas de la Guerra Civil que están diseminadas por el concejo de Oviedo, al carecer de una protección especial.

La Asociación para la Recuperación de la Arquitectura MilitarAsturiana 1936-1937 (ARAMA) y la Hermandad de Defensores de Oviedo pusieron el grito en el cielo al conocer la destrucción de la histórica casamata de La Ería.

¿La culpa? El Ayuntamiento lo atribuyó a un exceso de celo de la empresa que ejecutaba las obras, ya que los técnicos municipales, en un informe, advertían de que no se preveía ninguna actuación sobre esta fortificación.

Una mirada atrás. Todo comenzó el 19 de julio de 1936, tras la declaración del estado de guerra en la capital por parte del general Aranda y el posterior asedio de la ciudad, del que quedan 154 vestigios de arquitectura militar. Esta cifra sitúa a Oviedo como el enclave  que conserva el mayor número de casamatas, baterías, trincheras, nidos de ametralladoras, refugios y puestos de observación, además de refugios y blocaos, desde las que el Ejército republicano sometió a Oviedo a un cerco al que sus habitantes hicieron frente con un valor numantino.

Los soldados de la VIII Brigada emplazaron cañones de 77 milímetros fabricados por Krupp en su factoría alemana de Essen. Sus disparos arrasaron literalmente la ciudad. Tal vez la imagen más emblemática es la de la torre de la catedral destrozada.

El cerco supuso la desaparición de 1.120 edificios y la práctica ruina de otros 3.000. Los 12.000 proyectiles de artillería disparados contra la ciudad, junto con las 10.000 bombas aéreas soltadas desde aviones republicanos, tuvieron un efecto devastador sobre Oviedo y sus habitantes.

Las construcciones militares aún conservadas fueron decisivas para el Ejército republicano en sus tres sectores: San Esteban de las Cruces, La Manjoya y el Cristo.

En la primera zona están catalogadas quince construcciones, destacando las que albergaron las posiciones artilleras que jugaron un papel muy importante durante el cerco. También tiene un interés especial el nido de ametralladoras que se encuentra en el camino que une Otero con Fozaneldi, desde donde la 1ª Compañía del Batallón “Azaña”, que contaba con 48 ametralladoras repartidas estratégicamente alrededor de la ciudad (eran americanas, de la mítica marca Colt), hacía fuego.

 La idea de fortificar las posiciones del cerco de Oviedo surge tras el fracaso de la segunda ofensiva, entre febrero y marzo de 1937. Este es el momento en que comienza de forma interrumpida la construcción de estas fortificaciones.

Desde lo alto del pequeño monte de La Mata, en Colloto, se domina Oviedo, razón suficiente  para que los republicanos construyeran un enclave formado por casamatas, nidos de ametralladoras, trincheras cubiertas y polvorines.

Dos batallones republicanos se asentaron en este enclave durante dos meses, desde donde realizaron un fuego intenso contra la ciudad. El antiguo edificio del hospital psiquiátrico de La Cadellada, a tan sólo kilómetro y medio de distancia, sufrió un auténtico calvario.

No muy lejos, en Lugones, está El Cuetu, rodeado de una red de trincheras, que algunos expertos  sostienen que es la estructura bélica más importante del norte de España.

En el otro extremo, en el monte Naranco, se construyeron numerosos nidos de ametralladoras y un búnker, tal vez destinado a almacenar municiones y a servir de lugar de descanso a los artilleros. Una atalaya ideal desde el punto de vista estratégico para controlar dos sectores muy importantes.

Por el sur,  Loriana, el Escamplero y Puente Gallegos, por donde romperán el cerco las columnas gallegas, aunque en un principio no logran entrar en Oviedo, donde sólo quedaban 10.000 de los 50.000 habitantes que tenía apenas un año antes.

En San Pedro de Nora, Sograndio y Las Caldas, que formaban parte del frente de Trubia, quedan aún 46 construcciones bélicas, lo que convierte a esta zona en la segunda más importante del municipio. Además, este sector fue junto con el del Naranco, de los más activos durante el cerco, con numerosas piezas de artillería pesada.

En la zona del Cristo quedan una batería y cuatro nidos de ametralladoras; en la de La Manjoya, una batería y cinco nidos de ametralladoras, y en la de San Esteban de las Cruces se encuentran cuatro casamatas, un nido, un puesto de observación y una trinchera.

A estos vestigios hay que unir los de los rentes de Gijón-Llanera, que se subdivide en el de Lugones-Colloto y Naranco-Llubrió, y el de Ttubia, que estaba formado por el de San Pedro de Nora y Sograndio-Las Caldas.

La zona del Naranco-Llubrió es la que tiene un mayor número de restos, 68 en total, de los cuales 63 son nidos de ametralladoras. Por número de construcciones le sigue Sograndio- Las Caldas, con 38 elementos, de ellos, 24 nidos de ametralladoras.

 

ÁNGEL FIDALGO (La Nueva España 18/12/2011)

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