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DEFENSORES DE OVIEDOWeb de la Hermandad de defensores de Oviedo, memoria viva de los héroes del cerco y asedio de Oviedo de Julio de 1936 a Octubre de 1937
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Los protagonistas. La sublevación del general Aranda y la defensa de Oviedo![]() (Informe firmado por el mismo General. Archivo de su familia) EL MANDO MILITAR EN ASTURIAS DE 1934 A 1936 Cuando la situación militar en octubre de 1934 en Asturias se acentuó confusa y peligrosa, el entonces Coronel Aranda, del Servicio Geográfico, fue enviado por el Ministro de la Guerra para organizar e impulsar las fuerzas allí enviadas. Realizado ésto prosiguió al frente de la Columna hasta terminar la pacificación y desarme de la parte más difícil de la cuenca minera y poco después era nombrado Comandante Militar de Asturias, en sustitución del General López Ochoa, cargo en el que permaneció hasta octubre de 1936, a través de ocho gobiernos y cinco gobernadores civiles, manteniendo siempre una independencia que no excluía el conocimiento exacto y constante de la situación social y política. Al anunciarse las elecciones de 1936 vio mejor que los políticos el peligro que encerraban, especialmente en Asturias, y preparó la acción militar en la seguridad de la revuelta, concentrando en los núcleos principales y edificios militares todo el armamento y municiones utilizables y elevando a la superioridad militar un plan de organización a que han aludido los rojos como hallado entre los papeles del General Goded, entonces Inspector de las Fuerzas Militares de Asturias. Tras las elecciones y hecho cargo del Gobierno Civil de Asturias el tristemente célebre Bosque, empleó todo su prestigio en frenar su demagogia teniendo que terminar por expulsarlo violentamente de Oviedo, en una noche célebre, y utilizando su coche personal militar para evitar sus propósitos de sublevar la cuenca minera, frente a la decisión del Gobierno de relevarlo a causa de sus injurias contra el señor Calvo Sotelo. A medida que las masas rojas se desbordaban comprendía mejor la necesidad de oponerles inmediatamente un dique, y para ello se presentó en mayo del 36 al señor Azaña, para preguntarle qué medidas se iban a adoptar para cortar los crímenes en aumento y contener el caos existente, a base reforzar el Ejercito y desarmar las masas rojas, obteniendo una promesa tibia de no dejarse desbordar el Gobierno, promesa que hizo pública en Gijón a la Oficialidad, exigiendo de todos la mayor disciplina, mientras el Gobierno se mantuviese dentro de la Ley, y rogando tuvieran confianza en él para elegir el momento decisivo. Seguro de que la guerra era inminente, ordenó a las guarniciones preparasen la defensa a todo trance de Oviedo, Gijón y Trubia, levantándose para ello planes detalladísimos eligiéndose las posiciones convenientes y efectuándose ensayos del ataque y defensa de las mismas, incluso con cartuchos de fogueo, en forma tal que todos los cuadros de mando conocían perfectamente su misión y forma de realizarla llegado el momento. Ultimados los preparativos llegaron los días trágicos del 17, 18 y 19 de julio. Sin noticias concretas ni instrucciones de ninguna clase, se formaban el día 18 tres expediciones de rojos armados cuya salida para Castilla era imposible evitar por la falta de fuerzas, ya que el licenciamiento ordenado traidoramente por el Gobierno había dejado la guarnición de Oviedo reducida a 600 ho ... (continúa...)El batallón de voluntarios Oviedo o de Ladreda![]() El 8 de agosto de 1936, el coronel Aranda llamó a su puesto de mando, situado en la Fábrica de Armas de la Vega, al comandante de Artillería don José María Fernández-Ladreda. Éste poseía una acusada personalidad política como diputado de Acción Popular y, en lo profesional, su inteligente dirección de la Fábrica de Metales de Lugones. Había sido Alcalde de Oviedo y podía decirse que dejó huella por sus notables realizaciones en el municipio. Ladreda, necesito su concurso — dijo el Coronel Aranda. Usted Manda. Quiero organizar, y nadie mejor que usted para mandarla, una fuerza que tenga dos misiones específicas: mantener una segunda línea en profundidad y asegurar servicios imprescindibles. No podemos, lo sabe usted, distraer fuerzas de primera línea. Los voluntarios, gente joven en su mayoría se encuentran embebidos en las unidades ya conocidas. De ellos no podemos disponer, pero sí podemos de mucha gente que desean servir en unidades adecuadas a su edad y otras circunstancias personales. Comprendo perfectamente lo que usted desea, mi Coronel, y se hará como quiere, y estimo que es preciso crear una fuerza que nos permita establecer una segunda línea y, al mismo tiempo, un servicio múltiple de apoyo logístico. Ladreda hace una pausa y prosigue: Hablar en Oviedo de una segunda línea no deja de ser, mi Coronel, un eufemismo. La segunda línea de la plaza apenas mantiene una distancia apreciable con la primera. Es más, en caso de repliegue una y otra se fundirán para formar una sola. No hay espacio suficiente para crear vacíos que hagan retardar la acción del enemigo si ataca y obtiene éxito. La clásica maniobra retardadora. El que había de conocerse, de inmediato, como «Batallón de Ladreda», adquirió, en el contexto de fuerza disponible, una importancia indiscutible. Siete compañías de hombres de las más variadas edades, sin olvidar a muchachos de catorce, quince y dieciséis años, pasaron a formar una aglutinada unidad que se distinguía por una sencilla uniformidad: Mono azul, gorro isabelino por lo normal y casco si había que batirse. Un brazalete de los colores de la bandera nacional, sellado por la Comandancia Militar, distinguía a los del citado Batallón. Esta clase de gente iba a dar un ejemplo de valor nacido en una voluntad de vencer al precio que fuese. ¿Qué más puede pedirse a respetables cabezas de familia, a comerciantes y empleados de banca, a funcionarios públicos, a trabajadores de humilde condición, a dependientes de grandes o pequeños almacenes, a representantes de pañería o automóviles, de coloniales, y productos de perfumería, a ingenieros, catedráticos, penalistas o civilistas?. Todos ellos, a la hora de la verd ... (continúa...)La loma del Canto y el Comandante Vallespín![]()
Una de las muchas posiciones en que se batieron con increíble heroísmo los defensores de Oviedo, fue sin duda, la Loma de Canto, situada a la ladera de la cordillera del Naranco, cerca de la Iglesia de San Pedro de los Arcos. El Capitán Rivera hace entrega del mando de la posición al Comandante Vallespín. -Esta es la situación, mi Comandante, la clave de la posición es el caserío de Los Solises. Ha perdido casi toda su guarnición, últimamente se ha reforzado con los serenos y algunos guardias municipales de la ciudad. Sonríe Vallespín y comenta: ¡Buen refuerzo! Con tal de que se batan bien. -¿Me necesita, mi Comandante? -No, vaya usted a reunirse con el General, y le felicito. Durante las horas que ha tenido usted el mando, ha actuado con gran acierto. -Gracias, mi Comandante. Los voluntarios que defienden con ahínco la posición, comentan entre ellos. Han matado al Teniente Coronel y el Comandante Caballero ha caído herido de mucha gravedad. También mataron al Teniente Sánchez y al Sargento Navarro de la 42.° de Asalto, y tantos y tantos otros. De aquí no sale nadie más que con los pies por delante, como en Simancas; moriremos todos, heroicamente, eso sí, en un derroche de heroísmo inútil. Yo... Seca, enérgica, suena cerca de ellos la voz del Comandante Vallespín que dice: -El heroísmo nunca es inútil. Todos ellos vuelven la cabeza y ven al Comandante, las balas pasan por encima de ellos silbando, trágicamente. El Comandante pregunta: -¿Son ustedes voluntarios? -Sí, mi Comandante y se ponen todos de pie. El Comandante les indica: -¡Todos a cubierto!, y agrega: Ningún heroísmo es inútil, aunque lo diga Prieto. Por decirlo y por pensarlo perderán la guerra. E1 heroísmo del Simancas no fue inútil, gracias a él, el cerco fue menos duro para nosotros, retuvieron a muchos miles de hombres que se cebaban en Simancas porque lo creían presa fácil. Nuestro heroísmo no es inútil. Alrededor de Oviedo, cercánd ... (continúa...)Si entraba el enemigo, no íbamos a vivir ninguno![]() La Voz de Asturias 22/07/2011 A sus 88 años Fermín Alonso Sádaba (Menorca, 1923), lleva a gala ser el “más joven defensor de Oviedo” durante la Guerra Civil, “aunque algunos lo duden”, matiza. Y para aclararlo, saca de su cartera y muestra un documento que reconoce su participación en la defensa de la capital asturiana. Desde hace unos 15 años, Alonso Sádaba preside la Hermandad de Defensores de Oviedo que dispone de abundante documentación, un amplio archivo fotográfico sobre la Guerra Civil en la capital asturiana y que además custodia el fajín de general de Aranda.
¿Se unió usted a sus tropas de inmediato? Nosotros éramos de Acción Católica de la iglesia de La Corte y tras las elecciones de febrero de 1936, los pioneros de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) nos hacían la vida imposible solo porque íbamos a misa. Cuando se habla de la Guerra Civil hay que ponerse en 1934 cuando hubo un golpe marxista contra la República y el orden legal establecido. En ocho días Oviedo vivió una tragedia peor que en el 36. Los militares se levantaron el día 19 de julio y yo, pensando lo que habíamos pasado en el 34, me uní a ellos al día siguiente para salvar la vida. No hubo más remedio.
Hay quien dice que sin golpe militar la II República no hubiera muerto. Si el movimiento hubiera durado dos o tres meses hubiera seguido. Lo único que yo no comprendí fue por qué la República iba contra la religión católica, ni tampoco el cambio de la bandera ¿Por qué pusieron lo morado? Siempre fue roja y gualda.
¿Qué significó el asedio de Oviedo dentro de un conflicto bélico como la Guerra Civil Española? La Gesta de Oviedo fue la más importante aunque no se le de toda la que tuvo. Aquí se ganó la guerra. Hicimos frente a más de 15.000 o 20.000 milicianos. Si ellos llegan a tomar la ciudad, esos efectivos hubieran salido a ocupar Galicia o Castilla. Además los mineros asturianos, con lo del 34, eran el coco en España.
¿Cómo era el día a día de la situación en Oviedo hasta que entran las columnas gallegas en octubre del 36? Se pasaron muchas penalidades y ahí la población civil se port&oacut ... (continúa...)Las fuerzas defensoras de Oviedo![]() REGIMIENTO DE INFANTERÍA MILÁN Nº 32.- Todos sus hombres, mandados por el coronel Don Eduardo Recas Marcos, dieron ejemplo de disciplina y valor y, elevando el nombre del Regimiento a las cimas del heroísmo, alcanzaron la “Tercera Corbata de la Cruz Laureada de San Fernando” y la “Medalla de Oviedo”. GUARDIA CIVIL.- Por disciplina, valor demostrado, profesionalidad, espíritu de sacrificio y también por ser el contingente más numeroso, fue pieza clave en la defensa de Oviedo. Mandada por el Teniente Coronel D. Carlos Lapresa Rodríguez, desarrolló toda clase de funciones, desde las propias de guardar el orden público, como el de dar golpes de mano o defender las posiciones avanzadas en la guerra de trincheras. Dos secciones de la Guardia Ciivil, a las órdenes del Comandante de Asalto Caballero, participaron en la toma del cuartel de Santa Clara, hecho clave para el triunfo del Alzamiento en Oviedo. El 20 de Julio de 1936, fuerzas de la Guardia Civil ya habían tomado posiciones en los puntos clave para la defensa de Oviedo, entre ellos Teléfonos, Telégrafos, estaciones de ferrocarril, etc. En la Casa-cuartel de Lugones se constituyó inicialmente una avanzadilla de la línea inicial de defensa. Al poco, fue sitiada y su dotación, 35 guardias al mando de un sargento, defendió heroicamente la posición hasta que el mando ordenó su repliegue a La Corredoria. Esta operación fue apoyada por el envío de una columna. GUARDIA DE ASALTO.- Al mando del Comandante D. Gerardo Caballero Olabézar. Por su gran preparación física, por su preparación militar, por su conocimiento del terreno, se convirtió en la fuerza de choque ideal para la defensa de Oviedo. Su misión fue, ante todo, participar en todos los ataques que se realizaron durante el cerco. Todo ello, sin descuidar el servicio de trincheras cuando así lo disponía el mando. GRUPO DE ARTILLERÍA DE MONTAÑA.- Al mando del Capitán D. Luis Fernández Corujedo, por estar ausente de Oviedo el Comandante Jefe del mismo. A pesar de la carencia de medios, desempeñó una importantísima labor durante el cerco de Oviedo, destacándose en los combates de Olivares y en la toma de El Campón, operaciones en que su intervención fue decisiva. En los últimos días del cerco, al carecer de munición para las piezas, los artilleros con sus mosquetones al brazo, lucharon en las trincheras junto a las demás fuerzas, sufriendo un importante número de bajas. FALANGE ESPAÑOLA DE LAS JONS.- Al mando de D ... (continúa...)Las mujeres en el cerco de Oviedo![]() Si algún día se escribe, documentada y detalladamente, la historia de la Defensa de Oviedo, habrá forzosamente que incorporar a ella la activa presencia femenina durante los largos días del cerco y del asedio. El día en que el Coronel Aranda sublevó la ciudad, las mujeres vieron bajar, camino del Cuartel, a sus hombres para ofrecer su cooperación. Y los contemplaron ir, un poco expectantes y un mucho desorientadas, porque de momento no captaron, en su conjunto, toda la dramática dimensión del momento. La reacción tardó en producirse exactamente veinticuatro horas. Al día siguiente se empezaron a organizar, en diferentes puntos de la ciudad, las cocinas en las que se habrían de preparar las comidas calientes que luego serían enviadas a las posiciones de primera línea. Aun no se había producido el primer contacto con el enemigo y la manutención de los hombres en armas era el vital problema del momento. Ni un solo día dejaron de entregarse las raciones en cada puesto, aunque se comenzaran a preparar en una casa y se terminaran en otra, porque el bombardeo se había llevado la chimenea o el lugar en que estaban aquel día. A los pocos días, los primeros ataques y las incursiones de la aviación enemiga habían de dejar sobre las piedras de las posiciones, las rojas veneras de la sangre de los defensores y, junto a los primeros heridos, las primeras mujeres en funciones de enfermeras llegaron al Hospital. Puede asegurarse que allí donde un combatiente luchaba, había en la retaguardia una mujer dispuesta a aliviarle silenciosamente los rigores de la campaña. No fueron en ningún momento las mujeres de Oviedo, en su colaboración para la defensa, la encarnación de esas figuras consagradas por el cine y las fotografías propagandísticas, portadoras de uniformes inmaculados y llenas de gracia y belleza. Eso quedaba para las retaguardias tranquilas, no para Oviedo. La actitud femenina en la defensa de Oviedo, se ha caracterizado por la serenidad. Ni gritos, ni lágrimas ni histerismos. Una calma serena, una fe indesmayable, una conciencia de la responsabilidad y una firme y unánime resolución de morir sobre las piedras de la ciudad, sabiendo que su labor era imprescindible para la defensa de la misma. Si el elemento hombre significó en la Gesta el valor esforzado, indómito y exaltado, la mujer representó la fortaleza de espíritu en su más alta acepción. No hubo dolor que le fuera extraño, ni sacrificio que la arredrase, ni temor que pudiera hacerla abandonar su puesto. Vio florecer de rojo sus vestiduras de enfermera, en un espasmo de rabia impotente, cuando la metralla mordió su carne en el bombardeo del Hospital y cayeron sin un grito, continuando las restantes ayudando en la evacuación de los heridos. Cuando en las salas del Hospital entraban los proyectiles, en el quirófano, cuyos cristales se deshacían a pedazos, mujeres de Ov ... (continúa...)Escudos humanos en El Musel![]()
Belarmino Tomás, Rafael Fernández y el barco prisión "Luis Caso de los Cobos".
En “este-país” antes llamado comúnmente España y que ahora se intenta evitar siquiera pronunciar su nombre -no sea que piensen que uno es facha o algo parecido- reina desde hace tiempo la dictadura de lo políticamente correcto y de la ocultación, cuando no la tergiversación más brutal y abyecta, de los hechos históricos recientes y no tan recientes acontecidos en “este-país”. Así, trepas y chaqueteros profesionales han sido elevados a la categoría de honorables héroes de la transición, a base de repetir continuamente la misma cantinela hasta que ésta se vaya convirtiendo en verdad incontestada. Y personajes con historial sangriento, siniestro y criminal, han sido convertidos en virtud de este papanatismo imperante, en hombres de consenso, políticos moderados, y artífices de la reconciliación. No nos referimos solo a Santiago Carrillo, nombrado recientemente Hijo Predilecto de Gijón a iniciativa socialista y con el apoyo expreso del PP (excepción hecha de sólo dos ediles populares, lo que les honra), sino a otros insignes personajes del socialismo asturiano cuya trayectoria se ha maquillado mediáticamente hasta casi ser llevados a la beatificación. Pero como la realidad es tozuda y la historia está ahí, por muy molesta que resulte para algunos, vamos a retroceder unas décadas atrás: El 24 de Agosto de 1937, en la fase final de la ofensiva Norte del ejército Nacional, se constituye el Consejo Soberano de Asturias y León, como institución política soberana e independiente por tanto de la República, y que incluso llegó a emitir moneda -los popularmente llamados “belarminos”, en referencia a su presidente Belarmino Tomás-. Este engendro, como tal, duró bien poco, hasta la huída masiva del «Gobiernín» (así calificado despectivamente por el propio presidente Manuel Azaña) estando ya las tropas nacionales cerca de Gijón, concretamente en Colunga. Comenta Azaña que «del Gobiernín, el coronel Prada -recién nombrado jefe del Ejército del Norte- dice pestes. El más señalado era Belarmino Tomás, enteramente sometido a la CNT. La política que se seguía allí servía para fabricar fascistas. En Gijón, incautándose del pequeño comercio, de las pequeñas propiedades, etcétera, han logrado hacerse odiosos. Encarcelaba a niños de 8 años porque sus padres eran fascistas y a muchachas de 16 o 18 años, sobre todo si eran guapas». Lo cierto era que solo en los dos primeros meses del Alzamiento, asesinan en Gijón a más de seiscientas personas; muchas sacadas de la Iglesiona, cárcel responsabilidad d ... (continúa...)El levantamiento del cerco de Oviedo![]() Octubre de 1936. Las columnas gallegas Con los restos de los tabores de Regulares de Ceuta y Tetuán se organiza una Agrupación al mando del comandante Gallegos, que en las primeras horas de la madrugada emprende la marcha con el fin de ocupar las alturas de la Sierra del Naranco, por sorpresa. El resto de la columna se dispone a continuar el avance al amanecer, cruzando el río Nora, pero la intensa niebla impide iniciar la marcha hasta las once horas, momento en que disponiéndose de la visibilidad necesaria se efectúa una preparación artillera sobre el lugar de Loriana, en donde el enemigo ofrece resistencia. Iniciado el avance con la unidad de Voluntarios de Orense, fuerzas de Asalto de La Coruña, y una compañía de Voluntarios de Puentedeume (La Coruña) recién incorporada, se encuentra fuerte resistencia enemiga al alcanzar el lugar de Gallegos, resultando herido el jefe de esta vanguardia, capitán de infantería Pérez López, siendo sustituído por el capitán de la misma arma, habilitado de comandante, don Jacobo López García, que consigue vadear el río Nora y, tras un avance por el Norte y el Sur de Loriana, logra que el enemigo abandone sus posiciones del pueblo, ante el temor de ver cortada su retirada, ocupándose dicho lugar con escasas bajas. Como el objetivo señalado a dicha vanguardia era la ocupación de Loriana y esperar órdenes, el jefe de la vanguardia da cuenta al de la columna, Teniente Coronel Teijeiro, de haber cumplido su misión y solicita autorización para continuar el avance, por estimar que el enemigo no ha de ofrecer resistencia al haberse retirado desmoralizado. La llegada a Loriana de una compañía de Regulares de Alhucemas y la presencia de las banderas nacionales en las alturas occidentales del Naranco, que indican el avance de la Agrupación del Comandante Gallegos, deciden al Comandante habilitado López García a continuar el avance todo lo posible antes de que el enemigo pueda rehacerse, y dejando en Loriana la compañía de Regulares mencionada, va ocupando en saltos sucesivos las estribaciones del Naranco, hasta el lugar de Villamar, sufriendo ligero paqueo del flanco izquierdo, que es anulado con reconocimiento de patrullas, que hacen un prisionero, el cual manifiesta que el enemigo, dispersado y desmoralizado, se repliega a las líneas de Oviedo. En Villamar los naturales informan que desde ese lugar la entrada en Oviedo ha de hacerse cruzando el barrio de La Argañosa, en poder de los rojos. Oviedo está a la vista y en un último asalto puede intentarse establecer enlace con las fuerzas defensoras de la ciudad, pero quedan pocos minutos de luz y se ignora la resistencia que puede oponer el enemigo, principalmente en La Argañosa. No se ha conseguido comunicación alguna del mando y las fuerzas de la columna del Teniente Coronel Teijeiro parece que han detenido el avance. En vista de que la orden del Capitán General de la 8ª Región, comunicada por el Corone ... (continúa...)La Brigada Penal de San Esteban de las Cruces![]() En el frente de Oviedo, en la primera mitad del año 1937 -las líneas a tiro de cañón y bajo el continuo fuego de artillería de uno y otro bando-, las milicias del Frente Popular crean una brigada compuesta por prisioneros nacionales y comandada por los más duros individuos de las cuencas mineras. ¿Quien puede imaginar que había un campo de concentración rojo tan cerca de nuestros hogares?... Pues lo había. Tras meses inacabables de trabajo agotador, las “balas perdidas”, el hambre y el terror minando el número de los penados, el autor -miembro de una de las “secciones de choque” disciplinarias- asiste, emocionado, a su liberación por la IV Brigada de Navarra. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Por Bonifacio Lorenzo En abril de 1937 se forma la tristemente célebre Brigada Penal de San Esteban de las Cruces, con presos sacados de diversas cárceles asturianas para trabajos de fortificación en primera línea. Una tarde de aquel mes, en la cárcel del Coto de Gijón, se ordena formar en la galería central a todos los detenidos. Creemos que se trata, como otras veces, de un registro en nuestras cosas y para ello desalojamos celdas y aglomeraciones. No fue así. Nos nombran a unos cincuenta. Nos mandan salir de la formación y por el rastrillo a la calle, donde unos autocares nos esperan. No se nos permite recoger nuestras cosas. Yo voy en zapatillas. Otros sin chaqueta o prendas de abrigo y, por supuesto, todos sin mantas ni objetos de uso personal. Desconocemos nuestro destino. De Noreña a La Felguera y de aquí, por Tudela Veguín, a San Esteban de las Cruces, aldea a unos tres kilómetros de la ciudad de Oviedo, sobre la carretera de Adanero a Gijón. Llegamos al atardecer y nos alojan en la llamada “Casa del Torneru”, cuyos dueños hubieron de abandonarla para que nos instaláramos en ella, en su lagar y hórreo. En el suelo, o sobre unos caballetes y tablas procedentes de los toneles, hemos dormido todo el tiempo. Un mes más tarde, otro contingente de presos de la Iglesia de los jesuitas de Gijón habilitada como cárcel, con otro de Mieres, integran la segunda Compañía de la Brigada de San Estaban de las Cruces, que se aloja en un merendero próximo a nuestro acuartelamiento conocido por “El Pito”. Más ta ... (continúa...)AL HEROICO TENIENTE CORONEL TEIJEIRO![]() Mientras la Ley de Memoria Histórica trata de imponer una versión oficial, a la vez que parcial y revanchista, de la historia reciente de España, los hechos son los que son, y la Historia es la que es, por mucho que se intente ocultarla o distorsionarla. Y a pesar de que en Oviedo la corporación municipal haya eliminado el nombre de la Plaza y retire el monumento al Teniente Coronel Teijeiro, su memoria sigue muy viva y unida para siempre a la ciudad de Oviedo, de quien fue su libertador, al frente de una de las columnas gallegas, el 17 de octubre de 1936. ¿Quién fue el valeroso Teniente Coronel Teijeiro? El 5 de enero de 1892 nace en Baamonde (Lugo) Jesús Teijeiro Pérez, hijo del médico del lugar D. Serafín Teijeiro y de su esposa doña Concepción Pérez. Muy joven inicia sus estudios en el Seminario de Lugo; sin embargo, sintiendo más inclinación por la carrera de las armas, ingresa como alumno-cadete de Infantería en la Academia de Toledo el 2 de septiembre de 1912, donde, a los tres años, recibe el despacho de segundo teniente, solicitando plaza en el Regimiento WadRas de guarnición en Tetuán. En el mes de junio de 1917 se incorpora al Batallón de Cazadores de Madrid n° 2, en Tetuán. Asciende a primer Teniente en el mes de septiembre y es destinado al Regimiento Serrallo con base en Ceuta y dos meses después al Regimiento de Infantería de Marina en Fernando Poo, pasando después al Regimiento Isabel la Católica de La Coruña. Solicita, en 1921, destino nuevamente en el Regimiento Sorolla de Ceuta, interviniendo con el mismo, en varias acciones de guerra contra los moros. En el mes de septiembre solicita su ingreso en la Legión de Extranjeros de reciente creación, y en su campamento de Riffién, con cuyas tropas de choque realiza su brillante carrera militar. Interviene en el combate de Monte Mayán donde, por haber sido herido el Capitán, toma el mando de la Compañía. En enero de 1922 toma parte en la operación sobre Hayuna-Beni-Bara, resultando gravemente herido. Restablecido pocos meses después, se reincorpora a la Legión y, en noviembre de ese mismo año, es ascendido a Capitán, tomando el mando de la Compañía del Tercio en Tafersit. En vanguardia de la columna Gómez Morato, toma parte en mayo de 1923 en los combates de Tizzi Assa, recibiendo por todo ello su primera Medalla Militar. Ese mismo año, cooperando con la columna Salcedo en el levantamiento del cerco de Tifarauín. La Comandancia General de Melilla lo cita como distinguido en el mando de sus legionarios «por su entusiasmo y pericia, valor, serenidad y excelentes dotes de mando». Durante el año 1924 participa en hechos de guerra, incorporada su unidad en distintas columnas de operaciones en territorio de Marruecos; columnas de Franco, Serrano, Castro Girona, Núñez de Prado... A mediados de diciembre recibe otra Medalla Militar. Interviene en la evacuación d ... (continúa...)El alzamiento en Oviedo![]() Fue planeado con antelación a la fecha en que estalló, como parte de una acción general en Asturias. Cuando los Comités del Frente Popular iniciaron los desórdenes, el Comandante militar de Asturias marchó a Madrid a protestar de ello ante el gobierno y Azaña, expresando su convencimiento de que no había autoridades y de que la fuerza pública sería incapaz de contener el alud que se veía claramente venir. Sin haber obtenido solución alguna satisfactoria, regresó a Oviedo y aprovechó la circunstancia de la entrega de su Bandera al regimiento de Simancas en Gijón, para reunir a la oficialidad de Asturias, exponerle la situación y pedirle tuvieran confianza en él hasta el momento supremo, manteniéndose entretanto en la más discreta disciplina, para evitar pretextos de nuevos traslados y reducciones que debilitaran las fuerzas y su espíritu. Vista la proximidad de los acontecimientos, se adoptaron en toda Asturias las precauciones siguientes: 1º.- Triplicar la dotación de ametralladoras y municiones de los Regimientos de Infantería de Oviedo y Gijón, instruyendo al personal necesario. 2º.- Dotar de ametralladoras al Grupo de Artillería de Oviedo. 3º.- Trasladar a lugares seguros la totalidad del armamento y municiones existentes en las fábricas, e incluso las piezas sueltas fabricadas, hasta su montaje. 4º.- Dictar instrucciones severísimas a los Comandantes militares y Jefes de fuerzas, ordenando que cualquier Oficial destituyese a su Jefe en cuanto le viese vacilar. 5º.- Reforzar el Destacamento que custodiaba la Fábrica de Trubia. 6º.- Disponer se depositara en los cuarteles de la Guardia Civil todo el armamento de las Corporaciones civiles. El día 17 de Julio, cerca de la medianoche, tuvo el Coronel Aranda noticias del Alzamiento en Marruecos; y vista la escasez de fuerzas ordenó que durante el día 18 realizasen la concentración sobre sus cabeceras las ocho Compañías de la Guardia Civil existentes en Asturias, cada una de ellas de cerca de 180 hombres. El día 18 inundaron Oviedo las milicias comunistas y socialistas en número de unos 3.000 a 4.000 hombres, todos armados de pistolas, y con 300 ó 400 fusiles y alguna ametralladora de las armas escondidas en 1934. Consultado el Coronel Aranda por el Gobernador Civil sobre la conveniencia d enviar algunos contingentes mineros a Madrid, se manifestó propicio a ello, a fin de librar a la población de esas masas y dar lugar a concentrar sus fuerzas, con la seguridad de que no irían muy lejos, faltos de armamento y mando capaz, y teniendo que atravesar toda Castilla, que se sabía adicta al Movimiento. Dirigidos y encuadrados por Oficiales rojos de Asalto, salieron aquel día unos 2.000, parte en tren, parte en autobuses requisados, con el armamento precario antes citado, mucha dinamita y unos 200 mosquetones más que les facilitó el Grupo de Asalto, quedando en Oviedo 3.000 ... (continúa...)Los voluntarios de la Compañía Bruzo![]()
Aunque todos los combatientes de Oviedo estuvieron a la altura que las circunstancias exigían, hubo algunas unidades que, por el carisma y valor personal de sus mandos, o por la destacada participación que tuvieron en determinadas acciones de guerra, gozaron de una cierta fama entre la población ovetense. Entre ellas estaba la “Compañía Bruzo”, mandada por el capitán de Infantería D. Pedro Bruzo Valdés. D. Pedro Bruzo había nacido en Córdoba el 29-07-1899, por lo que al producirse el Alzamiento Nacional, estaba próximo a cumplir los 37 años. Pertenecía a la plantilla del Regimiento de Infantería Milán desde Agosto de 1935, donde había desempeñado diversas funciones. Al estallar la guerra civil, llevaba en Oviedo seis días, pues desde el 13 de Junio al 13 de Julio había estado destacado en Trubia con su compañía, con la misión de proteger la Fábrica de Cañones de esta localidad. El día 20 de Julio de 1936 participa en la declaración del “Estado de Guerra” decretado por el coronel Aranda y toma parte con su compañía en las primeras acciones bélicas desarrolladas por la guarnición, tales como la salida a Cayés, la salida a la Venta del Jamón en Pruvia y especialmente en el combate de Olivares, en cuya acción su compañía sufrió sensibles pérdidas. Reorganizado el Regimiento, tomó el mando de la 3ª Compañía del 1º Batallón, formada por unos 120 hombres, procedentes de personal de reemplazo, de complemento y de algunas cuotas. Además de este personal, había en la Compañía Bruzo una sección de voluntarios procedente en su mayor parte de Falange Española, aunque también había alguno de Acción popular y de Acción Católica. Con esta 3ª Compañía participó entre otras, en las acciones siguientes: retirada del puesto de la Guardia Civil de Lugones; toma de El Campón, por cuya acción se concedió a la Compañía un banderín de honor; combates de San Esteban de las Cruces; iniciada la ofensiva republicana el día 4-10-1936, la compañía toma parte activa en las acciones desarrolladas aquellos días, teniendo que retirarse finalmente a la posición del Caño del Águila, donde resultó herido el capitán Bruzo el día 12-10-1936, causando baja hasta el día 16-11-1936. Es habilitado para el grado de Comandante, pasando a mandar el Tabor de Regulares de Melilla y una vez roto el frente de Asturias, pasa al frente de esta unidad a la 82 División del Cuerpo de Ejército de Galicia, muriendo en el frente de Teruel el 13-2-1938. Aunque es difícil de precisar qué personas estuvieron como voluntarios en la Compañía Bruzo, por la movilidad y cambios de unidad que experimentaban, aparte de que algunos voluntarios de primera hora pasaron a la HARKA al crearse esta unidad, hay constancia de que tomaron parte de la Compañía Bruzo, con el carácter de voluntarios, las personas siguientes: 1.- ALBERDI FERN ... (continúa...)¿Por qué nos avergonzamos los ovetenses del sitio de Oviedo?![]() A Mariano Montero Álvarez, defensor de Oviedo (1918-2010) Por Silvia Ribelles (Los Ángeles (California)) Mariano Montero, que murió el pasado 11 de marzo de 2010 en Oviedo, había nacido en Linares del Puerto, Lena, en agosto de 1918, pero desde 1927 vivía en Oviedo con toda su familia. Su padre, Francisco Montero, era ferroviario, y todos sus hermanos, salvo el mayor, que nació en Herías, nacieron en las estaciones de tren entre Pajares y Campomanes. Eran 13 en total, 7 hombres y cinco mujeres. Mariano hacía el número 11. Se trataba de una familia muy católica, muy tradicional, donde su madre, María, siempre puso mucho empeño en que sus hijos tuvieran estudios para que pudieran medrar en la vida. Todos los hijos varones fueron a escuelas de dominicos, donde aprovecharon los estudios con mayor o menor beneficio. Constante, el cuarto, llegó a ordenarse en Valladolid como dominico, y en 1935 partió a Formosa (el actual Taiwán), pasando por la costa Este de los Estados Unidos, donde vivió dos años, estudió Teología y aprendió inglés. En Taiwán, donde llegó en 1937, trabajó de misionero hasta el año 2006, en que murió. Sufrió en sus carnes la invasión japonesa, y una de las historias que más me gustaba oírle contar era cuando le tocó dar confesión a un kamikaze a punto de salir en una misión suicida. Constante está enterrado en la isla. Pero éste no es el único Montero singular. El tercer hermano, Luis, en contra de las tendencias políticas de su padre y de todos sus hermanos, se afilió al PCE en el año 1936, e hizo la guerra con la República, el único de todos los hombres y mujeres de su casa. Se exilió y estuvo en Francia, donde, tras muchas calamidades, llegó a formar parte de la dirección del PCE en el París ocupado, además de ser el jefe del Segundo Destacamento Español de Francotiradores y Partisanos, que llevaron a cabo numerosos sabotajes contra el invasor. Fue detenido a finales de 1942 y deportado a un campo de concentración nazi, donde se integró en el movimiento clandestino y llegó a convertirse en secretario general de PCE dentro del campo, del que salió con vida en mayo de 1945. Fue condecorado con la medalla de la Resistencia. Fiel al PCE, entró en Asturias en el año 1948 para reorganizar a los guerrilleros. Desapareció en 1950. Nunca se ha vuelto a saber de él, aunque todo apunta a que fue purgado por el partido. No se vayan todavía, aún hay más. José Antonio, el séptimo, tras hacer la guerra en España, defender Oviedo y marchar sobre Madrid, se alistó voluntariamente en la División Azul. Participó en la batalla de Krasny Bor en los arrabales de Leningrado (actual San Petersburgo), donde fue gravemente herido. Fue repatriado a España en un tren hospital. Recibió una Cruz de Hierro, entre muchas otras condecoraciones. Aún tiene metralla soviética en el cuerpo. Cada uno de estos tres hermanos había sido protagonista en uno de los tres ... (continúa...)El bombardeo del Hospital de Oviedo del 23 de febrero de 1937![]()
Cuando al tercer día de la impetuosa ofensiva desencadenada sobre Oviedo por los rojos, fueron convenciéndose de que, pese al alud de material de guerra y humano lanzado sobre la capital del Principado de Asturias, ésta, haciéndoles frente con su ya legendario denuedo, no se rendía, no cedía, y una vez más rechazaba su empeño, terminaron su fracasada intentona, como de costumbre, renunciaron a insistir en el ataque a las líneas defensivas, ya que éstas no se dejaban tomar, se dedicaron a bombardear a la gente pacífica e inerme. Merecido castigo a población tan insensible a la doma. Pero esta vez la rabia era excepcional, y excepcional fue también el desquite tomado. Les parecía poco, sin duda, el acostumbrado cañoneo sobre la población civil y sus viviendas y la considerable cantidad de munición gruesa que habían de invertir en ello, y decidieron dedicarla a ser lanzada con toda precisión, con todo encono, contra el Hospital Provincial de Oviedo, harto ocupado a la sazón de heridos y enfermos, civiles y militares. La orden de "Ladreda", jefe de la 8.ª Brigada en el sector de La Manjoya, fue tajante: "el enemigo reconcentrado en el Hospital; hagan fuego de artillería". Y efectivamente, sin miramiento alguno para aquellos que estaban enfermos o heridos, militares o civiles, y no podían valerse por sí mismo, el Hospital Provincial de Oviedo, fue bombardeado. Las explosiones retumbaban hundiendo techos, rompiendo paredes, deshaciendo ventanas y cristales, llenando todo el humo, polvo y escombros. Los médicos, monjas y enfermeros se afanaban a prestar auxilio a los hospitalizados. Saltaban los heridos o enfermos de sus camas en desesperada busca de salvación. En una sala, repleta de heridos y enfermos, hasta por los suelos, explotó una granada matando a la mayoría de los que la ocupaban, los que quedaron con vida fueron trasladados a otras salas más bajas. En un quirófano explotó una granada matando a todos los ocupantes. Otra cayó en el laboratorio de farmacia iniciándose un incendio. La artillería roja bombardeó a más y mejor el Hospital, tirando sobre el Hospital a tiro directo, y haciendo sobre él, como era de esperar, magníficos blancos. Los grandes y bien visibles signos indicadores del humanitario y exclusivo destino del edificio, contribuían, no poco, a afinar la puntería de los artilleros rojos. Las granadas llovían sobre el Hospital, sobre todo el edificio, sobre las puertas y las vías de acceso. Herido hospitalizado hubo al ... (continúa...)La Harka de Oviedo, unidad de élite.![]() La Harka de Oviedo fue una unidad de choque creada durante el cerco, formada por voluntarios de Falange Española de Oviedo capital, Gijón, Noreña y otros puntos de la provincia. Su organizador fue el capitán de Intendencia, procedente de la Fábrica de Trubia, D. Luis de Santiago, el cual puso –hacia el día 6 de Agosto de 1936- un anuncio en el cuartel de Santa Clara solicitando voluntarios para organizar una compañía de vanguardia que se llamaría la Harka, nombre árabe que significaba “agrupación militar temporal de voluntarios irregulares”. Su objetivo era contar con una fuerza segura y decidida que, mantenida en reserva hasta el último momento, expulsara de la población a quien lograra penetrar en ella. ¿Cuántos voluntarios acudieron al llamamiento del capitán De Santiago?. El propio Aranda afirma, al respecto, lo siguiente: “A este fin se reunieron hasta 160 voluntarios civiles, jóvenes y decididos; ellos mismos se nombraron los mandos. Cumplieron como héroes; murieron todos los mandos, menos uno, y del total restan 16 hombres”. El Jefe Local de F.E., Celso García de Tuñón, dice: “A primeros de Agosto el coronel Aranda me encarga forme un grupo de 50 falangistas decididos, como fuerza de choque para acudir a cualquier eventualidad, misión que cumplí a los pocos días. Este grupo fue el origen de la Harka”. Existe cierta disparidad en cuanto al número exacto de componentes de la Harka de Oviedo, pero posiblemente rondaran el centenar y las bajas fueran en todo caso superiores al 80%. Respecto a su procedencia, se trataba en general de gente joven (algunos de 15 años), procedentes de la clase media. Entre los de edades comprendidas de 20 a 30 años, había médicos, farmacéuticos, abogados, ingenieros… Los más jóvenes eran estudiantes y entre los procedentes de pueblos de la provincia había también obreros.
ORGANIZACIÓN.- Después de unos días de entrenamiento en el manejo de armas y explosivos (especialmente en bombas de mano), marcharon a la primera línea de combate, siendo su primer destino en la zona del Mercadín. Básicamente, la Harka quedó organizada de la siguiente forma: Jefe de la Harka: Capitán de Intendencia Luis de Santiago Sánchez. 2º Jefe de la Harka: Teniente de Complemento Ángel Romo Raventós. Alférez: Voluntario Ma ... (continúa...)José Antonio Montero, defensor de Oviedo y divisionario.![]()
El último asturiano de la División AzulJosé Antonio Montero tiene 96 años, vive en Gijón y es quizá el único superviviente asturiano de cuantos participaron en la División Azul, el grupo de combatientes españoles que durante la II Guerra Mundial fue hasta la Unión Soviética para luchar contra el comunismo desde el bando de la Alemania nazi. Hijo de un ferroviario muy religioso, como él, con numerosísima prole; telegrafista de profesión y padre, a su vez, de una amplia familia, fue herido cuatro veces -dos de ellas de extrema gravedad- mantiene una memoria y una vitalidad prodigiosas y habla de sucesos terribles con una objetividad y humanidad dignas del mayor elogio. Diario de operaciones del soldado MANUEL GONZÁLEZ CABEZA en la defensa de Oviedo (1936)![]()
Diario contenido en el libro "Sitio y defensa de Oviedo", obra del capitán de la 18ª de Asalto Óscar Pérez Solís. Valladolid 1937.
JULIO El día 20, lunes, salí de casa, a las once de la mañana, próximamente, después de haberme despedido de varios vecinos falangistas y de darles algunos informes sobre mi paradero en Oviedo, por si también lograban pasar sin ningún peligro. Llegué a Oviedo luego de conversar con unos rojos que encontré en el trayecto, ya cerca de Lugones. Me creyeron de la C.N.T. por hablarles de esta organización. A las tres de la tarde, ya estaba junto al cuartel de Pelayo. En la calle de Uría no faltó quien acreditara mi personalidad, a pesar de no traer documentación alguna. Dos simpáticas señoritas se brindaron a acompañarme hasta el cuartel de Santa Clara, donde se despidieron de mí. Hice mi filiación y, puesto a elegir arma, me quedé con el mosquetón B. 132.212. Me ponen a las órdenes de un joven falangista apellidado Navarro. Poco después, un oficial del Ejército pide dos voluntarios para ir de guardia a la Catedral, y fui yo con otro muchacho de Oviedo que no conocía. Ya en la Catedral, subimos 183 escalones hasta llegar a nuestro puesto, situado entre grandes ventanales desde los que podía contemplar un hermoso panorama. Este puesto de guardia es el más culminante de Oviedo, y, por lo tanto éramos los más altos tiradores de la población. Desde allí observamos nutridos tiroteos, sobre todo por la noche, en los alrededores de la ciudad. Las mayores chamusquinas son, en estos días, por la parte de Buenavista y por la Argañosa, con fuego de fusilería y de artillería también. Asimismo hubo combate en San Esteban de las Cruces. Nuestra Artillería cañoneó mucho la falda del Naranco, a la derecha de la Corredoria. Día 22. A eso de las diez de la mañana, llegan tres aviones. Dan unas vueltas sobre la ciudad. Vuelan bajo, y se ve como los aviadores saludan a la población. Dejan caer unos paquetes de correspondencia y siguen luego hacia Gijón, dónde según se dice han bombardeado los rojos. La guardia de la Catedral es de unos 16 hombres, entre los que hay tres guardias de Asalto. Nos dividimos en dos grupos: uno, para vigilar abajo, y otro, arriba, con señales de combinación. Día 25. – Se agregó, para hacer guardia con nosotros, el señor cura de Quirós. Se llama don Joaquín, y viste, como nosotros, traje de faena. Viene voluntario, habiendo estado ya en el frente de San Esteban de las Cruces. Día 27. – Nos avisa un oficial del Ejército de que a las tres de la tarde será el entierro del camarada Hevia, natural de Noreña, primero de nuestros héroes que ha caído en la línea de fuego. Fui al entierro; una verdadera manifestación de duelo. Formaron armadas todas las fuerzas de Falange. El cementerio es el del Salvador, cerca de San Esteban de las Cruces, y está algo batido por el fuego enemigo. Al regresar a Oviedo, ... (continúa...)Entrevista al hijo del Comandante Vallespín
D. BENITO VALLESPÍN. Hijo del comandante Vallespín Es el hijo del comandante Vallespín, y, curiosamente, se llama Benito como su padre y también es comandante. Desde su domicilio de Pola de Siero lamenta que la Ley de Memoria Histórica obligue a sustituir el nombre de la calle Comandante Vallespín, «que murió en la defensa de Oviedo el 7 de octubre de 1936». -Procede de una saga de militares. -Sí, mi abuelo era coronel de ingenieros y murió en la guerra de Cuba. Se llamaba Manuel Vallespín, y mi padre murió en la defensa de Oviedo en el 36, sentado sobre una ametralladora y resistiendo hasta el último momento. -Él estaba destinado en Gerona. -Era comandante de Infantería y estaba destinado allí. En julio del 36 vino a Oviedo y se fue a la finca de La Carrera a pasar el permiso de verano. Surgió el alzamiento y se presentó al coronel Aranda, gobernador militar de Oviedo. Tras ponerse a su disposición, le avisaron de que se incorporase. Cogió el último tren de Pola a Oviedo, era de noche, y no volvimos a saber nada de él hasta un año después, en octubre del 37, hasta que se liberó Asturias. -Un año en blanco. -Sí, nadie nos dijo que había muerto. Yo tenía 11 años. Cuando llegaron los nacionales a la Pola, fui a buscarle a Oviedo. Cogí la carretera vieja y al pasar por La Carrera, donde había unas viviendas que eran de un tío mío y estaban ocupadas por gente que estaba a su servicio, escuché que estaban diciendo: ’Oye, el que murió en Oviedo fue el comandante Vallespín’. ... (continúa...) |
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